Hablemos de mi. Sí, ¿qué pasa?

No estoy aquí para escribir acerca de la vida, de la felicidad, de los problemas, de los diez pasos que has de seguir para mantener tu línea ni de cómo superar una ruptura. Para empezar, porque TE QUIERO PEDRO. Perdonad, es broma. PEDRO SIEMPRE TE QUERRÉ. Basta ya. Dignidad. Vuelve.

Yo en realidad, ”he venido aquí a hablar de mi libro”, como ya dijo Francisco Umbral. Pero no tengo libro, así que hablemos de mí. No soy una persona complicada. Me gusta hacer la croqueta en la cama de los hoteles hasta quedarme dormida. O inconsciente. O muerta. Siempre quise morir dormida. Mi comida favorita es la alegoría del atardecer laminado, engalanado con esencias de lágrimas rojas de primavera. Siempre quise concursar en fama a bailar. A día de hoy sigo convencida de que tengo una voz angelical y un don para la música. Siempre me tocaba el triángulo en las funciones del colegio. Duermo con calcetines. Nada más. Es broma. También me pongo el aparato de noche. Tengo una problemática obsesión con el agua cuando he ingerido más de dos copas. Cuando digo problemática me refiero a que sufro un trastorno de personalidad y creo ser un pez. No se nadar. De ahí el problema. Odio a la gente vegetariana. No son de fiar. Los frutarianos me caen bien, pero morirán pronto. Siempre quise ser una chica Yé Yé. Con el pelo atolondrado y las medias de color. Mi polo favorito siempre ha sido y será el Frigopié. No creo en San Valentín. Me gustan los culos grandes y no puedo mentir. Sí, seré como Ross y Rachel en Friends, y le cantaré esa canción a mi hija si es la única manera de hacerla reír. Amo Star Wars y detesto Star Trek. Me gusta el rock, el indie, el pop y la música clásica, pero cuando entro en un garito DAME MAMASITA CON TU TACATÁ. Y que me quiten lo bailao. No concibo el cine sin palomitas. No he visto Mary Poppins. Si, soy consciente de que no tuve infancia. Si tuviera una ametralladora exterminaría a los gatos. Me gusta reír. Y llorar. Hacer las dos cosas a la vez tiene su encanto. Siempre he tenido ganas de escribir algo.

Así que he querido hacer las cosas como dios manda. Me he metido tanto en mi papel, que me he comprado un mac y unas buenas gafas de pasta que incluso he graduado. Ahora no veo un carajo, pero doy el pego. He habilitado el cuarto de mi hermana como despacho y lugar de inspiración, todo repleto de citas célebres y refranes que provocan el vuelo de mi imaginación ”Cría cuervos y te sacarán los ojos” o ”muerto el perro se acabo la rabia”. Mi hermana ha tenido que mudarse con el conserje, pero ella cree en mí y en mi talento.

Una vez creado el ambiente idóneo, he preparado café, e incluso he tratado de experimentar y mostrar mis dotes culinarias echándole nata para darle una maravillosa forma de esas de corazón que te ponen en las cafeterías más modernas y que te da pena destrozarlo, esa. Y por supuesto, el resultado ha sido mas que desastroso. No voy a entrar en detalles de cómo la nata ha acabado en sitios insospechados. No. No lo haré.

Después de todo, decido sentarme con mi café, recién traído del infierno, y ponerme a escribir. Y es en este momento cuando pienso que no tengo ni la más remota idea de sobre qué quiero hablar. Pero qué importa, yo quiero escribir y punto. Mi abuela me dice cada domingo que soy maravillosa en todos mis quehaceres, y lo que dice mi abuela va a MISA. Tras un torbellino de ideas revoloteando por mi cabeza, incluido un mono con platillos y una conga de gatos con gafas de aviador bailando al son de I will survive, llego a aquí. A este preciso instante.

Me he planteado la posibilidad de limitarme a redactar ciertas palabras que me suenen bien y que a mi oído le gusten, como la palabra garbanzo, zepelín o rastrojo. Rastrojo. Creo que va a ser mi nueva muletilla. ”El otro día después del trabajo, rastrojo, fui a tomarme una cerveza cerca de casa, rastrojo”. A mí me suena divinamente. O mejor aún, me he imaginado a mi misma tecleando con frenesí en el ordenador de manera aleatoria como si fuera el mismísimo Tchaikovsky con el teclado. Creando música y armonía con mis palabras, transmitiendo mensajes llenos de paz, fabricando una complicidad entrañable con mis lectores, o lector, o lectora, o con mi madre.

Sea lo que fuere, aquí estoy, dispuesta a intentarlo, a repetir la palabra rastrojo las veces que haga falta y a pasarlo chachi piruli juan pelotilla con quien se preste a ello. En todo caso, ha sido un auténtico placer.

Toda vuestra,

Mbarbarie.

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