Nada es lo que parece

¡Hahta er año que viene pisha! Sí señor. La Feria de Abril ha terminado y con ello las inagotables fotos en las redes sociales de mujeres disfrazadas de flamencas (no oséis referíos a los vestidos de gitana como disfraz delante de un sevillano), los coches de caballos y el rebujito por doquier.

Históricamente hablando, esta tradición nació como feria ganadera en 1847. A día de hoy todavía perdura parte de su esencia. No me refiero al conjunto de animales de pasto que son criados para su explotación. Sino a la pasta que se gastan los animales invitando a sus hembras a bebercios como si fueran ganado. Pero bien que nos dejamos, ¿eh?.

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En cuanto a este encuentro, es importante tener en cuenta que un sevillano de los pies a la cabeza va a tener siempre tres requisitos vitales:

1. Ir de punta en blanco hasta en la ducha. Literal. Se duchan vestidos. Yo nunca lo he llegado a entender pero son del sur, riegan menos. Así tienen las flores de marchitas. Entre eso y que las arrancan para ponérselas a sus mujeres en la frente, poca vegetación.

2. Relacionado con el punto anterior, los sevillanos se han ganado el título oficial de domadores de pelo. Tienen sus melenas estrictamente adiestradas y llevan a cabo un riguroso proceso para ello. Cogen vaca. Sacan lengua vaca. Se restriegan la cabeza en lengua vaca. ¡Voilá! Hasta el mismísimo Elvis Presley conseguía un maravilloso alisado con este mecanismo.

3. Poseer como mínimo un cortijo. Todos lo tienen. O todos fingen tenerlo. Pijo de cortijo.

Por supuesto, las mujeres de la capital andaluza no iban a ser menos. Ellas, presumidas y resumidas, (bueno, eso no, que son muy de tapas) no dudan en echarse encima absolutamente todas sus reliquias y posesiones. No les falta un aderezo: la mantilla de su bisabuela, pendientes de diámetros kilométricos que pesan una tonelada y media, pulsera de muñeca y de tobillo, anillos para los dedos de los pies, broche para la ropa interior y por supuesto que no falte la peineta, acompañada de una rosa de un tamaño considerable que prácticamente cubre el rostro entero de la fémina portadora. Brillan con luz propia. De hecho, estoy convencida de que el alumbrao en realidad no lo conforman bombillas, sino las propias sevillanas que iluminan la ciudad con tanta joya.

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Aún así, existe algo incluso más fascinante que todo eso: observar y analizar a la gente de fuera que asiste al evento en cuestión. Los madrileños que van a la Feria se meten tanto en su papel, que acaban profundamente convencidos de que han nacido en tierras andaluzas. Incluso se olvidan de hablar castellano. Hace poco leí a un sevillano hablando sobre esto que decía:

”Por muy flamenco que te sientas, aquí decimos “ole” y no “olé”, y aunque “arsa” parezca algo idóneo, a nosotros solo nos recuerda a El Informal”.

Pensándolo bien, ¿qué es peor, un madrileño tratando de imitar a un andaluz, o un andaluz gastando hasta la última gota de su saliva para imitar a un madrileño? ”Vamohsss a tohmahnosss una copa”. Infiltran ”eses” donde pueden, cuanto más suene, mejor. Pero centrémonos, que seguimos en Sevilla, que tiene un color especial.

Dicen que si acudes a la Feria, es imprescindible que lleves un mapa contigo allá por donde vayas. No pensaba que el recinto ferial fuera tan grande como para necesitarlo, pero cuando me enteré de alguno de los nombres de las calles, lo entendí todo. ”Calle del Infierno”. En fin. Estoy de acuerdo en que más de uno irá a las tierras de Satán cuando pase a otra vida (yo iré con ellos de la mano), ¿pero es pa’ tanto?. El motivo es el ruido que emana de la zona de las atracciones. Yo no se vosotros, pero a mí la atmósfera feriante me apasiona.

El hombre de la tómbola que irradia esperanza e ilusión que te anima a ganar un ajedrez de bolsillo, un juego de té o una sábana bajera para tu casa de verano. La dulce melodía de “Jessy te quiero ero ero” que te penetra en el tímpano mientras compras unas salchipapas en un puesto de comida. JAJAJAJAJA. Perdonad. Me acaba de venir a la mente el pequeño gordinflón que confiesa al mundo entero vía youtube que se comió unas salchipapas. Así da gusto.

En cualquier caso, nunca dudes. Sigue fielmente el consejo de nuestro gran amigo Joey Tribbiani para no perderte y Sitúate en el mapa.

Ojo. Ningún turista pasará desapercibido en la Feria. Por mucho sudor y esfuerzo que te haya supuesto interpretarte en la apariencia de un sevillano, esas cosas las perciben a km de distancia. Pero que no te corten las alas, disfruta y empápate. Puedes no tener ni pajolera idea de bailar sevillanas que tranquilo, tras 10 jarras de rebujito te creerás el mismísimo Farruquito. Mueve las manos compulsivamente, zapatea sin ningún tipo de orden coherente, pon cara de tener serios problemas gastroinstestinales y da vueltas sobre ti mismo (el desenlace dependerá de la ingesta de bebidas alcóholicas que hayas consumido). Eso sí, por favor, arrítmicos absténganse de tocar las palmas, no solo consiste en juntar las manos. No. Por experiencia propia, recomiendo no tratar de caldear el ambiente así, la última vez desconcentré a todos los miembros de la orquesta en la verbena del pueblo y la cosa no acabó bien.

¿Lo peor de todo? Nunca he estado en la Feria de Sevilla. He oído rumores, visto fotos, leído críticas y diversas opiniones. Pero personalmente, nunca he vivido la experiencia. No he tenido la oportunidad de pasear por las calles del recinto de Sevilla al son de los pasos de los caballos. No me he deleitado con la alegría que se respira hasta en el último rincón escondido de la ciudad, con los fuegos artificiales que marcan el final de otro año más de tradición. Ni siquiera me he enfrentado a la complicación que supone el reto de tener que ir al baño con un traje de gitana puesto. Mujeres de la Feria, os admiro.

Y qué fácil resulta criticar. Comentar y opinar sin conocimiento de causa. Prejuzgar a los asistentes de la Feria, hablar del popular postureo, relatar negativamente los aspectos que detesto de ese ambiente. Y todo esto, disculpadme por la expresión: sin tener ni puta idea de nada.

¡Que tenéis mucho arte sevillanos, seviplanos, sevilisos, sevirasos! (Ya que en el sur son tan salaos a ver si ríen mis chistes malos).

Pero lo que vengo a decir, es que vivimos constantemente creando prejuicios equivocados sobre los demás, cuando en realidad, Nada es lo que parece. Nunca sabes qué historia se esconde detrás de la acción de una persona, de su apariencia o de sus gestos. No tenemos el derecho a inventarnos una opinión y encasillar a alguien sin haberle dado la oportunidad de demostrar lo contrario. Y a pesar de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, tratemos de decir adiós a los prejuicios. Goodbye Goodbye llegó la despedida.

Porque personalmente hablando, no me haría especial ilusión que la persona que me entrevistara para el trabajo de mi vida, los padres de mi futuro marido, o una persona interesante a la que fuera a conocer, me prejuzgara a partir de pequeños detalles como mi foto en la bañera entre leche y cereales o barbariedades propias de mi persona. De verdad que no estoy loca. En el fondo no soy así. O si. O no. ¡Nunca lo sabremos!

 “Los prejuicios son la razón de los tontos.” Voltaire

Besos para todos, sin prejuicios (menos para aquellos a los que no les haya gustado el post, seguro que son malas personas, frías y cínicas que no merecen vivir).

Mbarbarie

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2 comentarios

  1. anasa · mayo 21, 2015

    Sabes que??cuando he empezado a leer lo que has puesto de mi tierra y de la feria me he empezado a cabrear pero cuando iba terminando de leer pues..he dicho,son farlas. OJALÁ TENGAS OCASIÓN DE VISITAR SEVILLA Y SU FERIA, te puedo asegurar que te enamorarás y volverás Tanto de sus rincones como de su gente,tanto de sus tapas,como de acento,tanto de su picardía como de su gracia…y como se dice aquí,quien no sabe lo que es una buena levantá, no sabe de SEVILLA, ni la mitad.

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    • Quebarbariedad · mayo 21, 2015

      Estoy totalmente de acuerdo. Tengo ganas de conocer Sevilla, la feria y empaparme de su cultura! Fui muy de pequeña y lo recuerdo como una maravilla de ciudad! Perdona si te has sentido ofendida, todo lo contrario, quería hacer referencia a los prejuicios que tiene la gente y lo que eso implica, perderse cosas buenísimas como lo es la experiencia de vivir una tradición como lo es la feria.

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