Yo, mi, me, contigo

Qué puedo decir de esta grandiosa frase. Touché. Cómo no, perteneciente al nombre de uno de los discos de mi mayor ídolo, un cantautor de categoría, indiscutible rey de la rima, de los versos, de la poesía tarareada con musicalidad. Un artista de los pies a la cabeza, Joaquín. Joaquín Sabina.

Desde que descubrí mi amor incondicional hacia este hombre, he tratado de encontrar desesperadamente a una sola persona en el universo a la que no le gusten sus letras. No puede no gustarte. Es como las palomitas en el cine. Como un Mcauto de recena. Como esa cerveza fría después de hacer deporte, y cuando me refiero a fría, hablo de una cerveza gélida, con vaho, que la pobre esté a punto de sufrir hipotermia, ¡¡¡que tirite!!! Porque la música del jiennense cantautor apetece en todo momento. Es como la jodida coca cola. Para los grandes, para los pequeños, para los románticos, para los despegados, para los carcas, para los modernos, para los profundos, para los simples, para los filosóficos, para los anticuados. Como él mismo diría, es El Rocanrol de los idiotas.

Captura de pantalla 2015-04-09 a la(s) 22.48.35

Pero parándome a pensar en la perfecta antítesis del nombre del álbum: Yo, mi, me, Contigo; egoísmo versus generosidad, me doy cuenta de que vivimos en un mundo y en una sociedad tendente al egoísmo constante, a las mentiras ”piadosas” y al egocentrismo ilimitado. Y es que el hombre es malo por naturaleza. Sí, gracias Hobbes (no oséis dudar si he mirado o no en wikipedia el nombre del filósofo, ya nos conocemos, mbarbarie) pero sobre todo, el hombre es egoísta.

Así semos.Así que he considerado oportuno rememorar algunos de estos momentos de nuestra vida cotidiana, en los que, queramos o no reconocerlo, somos egoístas hasta la médula. Empecemos.

Disfrutas plácidamente de una agradable comida familiar de domingo. Todos ríen, se abrazan y comen como si no hubiera mañana. Recuerdan nostálgicas anécdotas familiares que hacen desternillar hasta al perro. Las hermanas de tu abuela te dicen una vez más, como cada domingo, lo mayor que estás y lo muchísimo que has crecido. Las pobres no se dan cuenta de que en realidad son ellas las que están menguando. Y tú, auténtica hija de Satán tratas de que lo entiendan y a modo de indirecta enciendes la minicadena y pones a todo volumen:

I’m Old Fashioned

Pero el momento crucial llega segundos después. Todos se han dado cuenta. La tensión se palpa en el ambiente. El intercambio de miradas furtivas es belicioso hasta el punto en el que vuelan cazas F-18 hechos de papel por todas partes. La abuela ya no sonríe. Sus hermanas ya no te llenan de adulaciones. Un silencio sepulcral invade el comedor. Y ahí está, sola, abandonada, indefensa, presa del pánico: la última croqueta.

Los veteranos de la familia agarran sutilmente sus cuchillos de manera amenazadora, los pequeños recurren a su maravillosa técnica de interpretar la mirada del gatito de Shrek, y nosotros, los jóvenes, nos quedamos aturdidos tratando de elaborar un malévolo plan que logre que conquistemos el mundo croquetil. Esto no es Jugar por jugar. No. Esto es la puta tercera guerra mundial. Aquí el honor, el orgullo, y el hambre voraz prevalecen ante la unión sanguínea.

Antes de proseguir con otra postura egoísta del hombre, les dejo los 3 posibles finales de la última croqueta. Pueden responder desde casa y tendrán la posibilidad de entrar en el sorteo de ganar un tupperware de seis croquetas de la abuela. Eso es mentira, en realidad son congeladas. Pero bueno, allá van:

A) La familia repartió la croqueta entre los 33 nietos en edad de crecimiento. ”Ellos lo necesitan”, dijo la tía Margarett.

B) La croqueta, sabia y mediadora, se descompuso sola y desapareció para crear la paz entre la familia.

C) Las hermanas de la abuela, ofendidas por la indirecta musical de que están mayores, cogieron la escopeta de caza de Mi primo el Nano y dispararon a todo aquel que se acercó a la croqueta.

Captura de pantalla 2015-04-09 a la(s) 22.52.39

Aquí llega el trauma de mi infancia, el egoísmo que te acompaña desde la niñez, recuerdos que todavía me quitan el sueño. Tú, feliz y entusiasmado llegabas del súper del barrio con una bolsa de tus regalices preferidos, rojos con picapica. Llevabas toda la tarde esperando ese momento. Y de repente, llega ese ser despiadado, cruel, ese alma desalmada que se acerca y con entonación delicada y suave, te dice: ”¡Regalices! ¿Me darías un mordisquito?”. Luego la gente se queja, pero si dicen mordisquito, que para empezar por el simple hecho de usar un diminutivo no solo no debería darle nada, sino que debería lanzarle a la hoguera, es mordisquito ito ito. Pero no te queda más remedio que afrontar la situación, así que recurres a ese sutil gesto de poner el dedo a modo de parapeto, límite, barrera, fortaleza para búnker, para que no muerda más de 1mm de regaliz. Ojo, el hombre proviene del mono, así que según las circunstancias que se den, esa barrera puede no servir y acabar sin regaliz, o peor aún, sin dedo.

El culmen de los jetas. Toca viaje eterno en coche y tu recurres a la infalible excusa de ”¡No puedo ir detrás que me mareo!”. Miradas sospechosas. Silencio acusatorio. Todos han visto en tu cuarto la foto que tienes enmarcada del récord de repetición en el Top Spin del Parque de atracciones de Madrid. Para salir del aprieto siempre puedes decir que estás realizando una tesis doctoral acerca de las Aves de paso por la Península en época de emigración y que necesitas la perspectiva y vista panorámica del asiento del copiloto.

Esta me encanta, y me siento francamente identificada: momento de recoger la mesa después de comer y JUSTO tienes que ir al cuarto de baño, SIEMPRE, es una urgencia. Tu cuerpo te está llamando, llámalo incontinencia o problemas gastrointestinales. Tu cuerpo manda y tu no tienes ni voz ni voto.

Una tienda. Un vestido. Dos amigas. Si has sobrevivido a la guerra de la croqueta, esto es pan comido. Y aquí la fuerza no es la solución, llega el momento estratega. Déjala sentirse cómoda en su territorio, que coja el vestido, ten paciencia que luego tú irrumpirás como el Capitán de su calle. Cuando menos se lo espere. Ha ganado el primer round pero cuando sale radiante del probador, ZAS: ”mmm, te hace un poco gorda”. KO. Es tuyo.

Y nada como que tu criterio sobre si una foto es buena o mala se base única y exclusivamente en cómo sales de favorecido. Tus amigas pueden parecer orcos procedentes de Mordor, que mientras tú salgas idealdelamuerte, siempre será un fotón. Eso sí, ya puede ser una foto paradisíaca digna de una Postal de la Habana que con que no saque tu mejor perfil, esa foto JAMÁS verá la luz.

O el momento: ”¿Me dejas el móvil?”, ”Uyyy, lo siento, estoy casi sin batería”. Casi. 87%. Nunca sabes en qué momento necesitarás tu batería para recurrir al Candy Crush, a lo Celia Villalobos. Lo que no sabes es que has cavado tu propia tumba. Tras tu negativa, tira de mp3 y comienza a reproducir su música del infierno a todo volumen:.“El guerrero es sabio, hace del escenario un santuario, cielo de discípulos, infierno de adversarios”. No es que sea justamente una melodía digna de Viridiana. No. Y a pesar de mi época fanática por Nach Scratch, a día de hoy, No soporto el rap.

‘El único egoísmo aceptable es el de procurar que todos estén bien para estar uno mejor” Jacinto Benavente

Porque la generosidad está en los pequeños detalles, en el día a día y en una actitud concreta frente a la vida. No hablo de los aspectos banales que nos invaden cada día, presentes en esta sociedad corrompida por el capitalismo, lo material y los prejuicios. Regalarle un bolso caro a tu mujer, un móvil de última generación a tu hijo o darle 50 euros cada tres años al primer mendigo que pasa por la calle. No. Eso no es generosidad. Vale, no rechazaré ninguno de esos regalos. Pero hablando en plata, eso no es imprescindible. Me refiero a ponerte literalmente en la piel del de al lado. El acto altruista, desinteresado. Generosidad es ceder, preocuparse, querer, en definitiva: entregarse. Dejar de pensar en Yo, mi, me, conmigo, y sustituirlo por la palabra contigo. Actuar con diligencia, con verdadero interés por los demás. Porque somos independientes, almas libres. Y sin embargo en esta vida, solo, no llegas a acercarte a la felicidad plena ni por asomo.

¡Y lo llevamos viendo toda la vida! Sam jugándose el pellejo por proteger incondicionalmente a Frodo. Seis de la mañana, y ahi están Sherlock y Watson a pespunte tratando de resolver un misterioso caso. Bruce Wayne y James Gordon viviendo intrépidas aventuras. Jack saltando si Rose lo hace o El capitán John Miller sacrificando su vida por salvar al Soldado Ryan.

Y como han visto, las canciones del grandísimo cantautor, al mismo tiempo Tan joven y tan viejo, siempre están presentes en mis líneas, o por lo menos, en mis pensamientos (JOAQUÍN, SI ALGÚN DÍA LEES ESTO, HAS DE SABER QUE ERES MI MUSO DE INSPIRACIÓN, EL PROTAGONISTA DE MIS SUEÑOS).

Siempre vuestra y generosa,

Mbarbarie

PD: Si me necesitáis, dadme un silbidito, fiu fiu (no se muy bien cómo transcribir ese sonido de grillo. Y encima, ya he usado un diminutivo… ¡Mbarbarie a la plancha!)
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s