Un poco de cordura

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Todavía recuerdo el olor a húmedo que invadía hasta el último rincón de mi casa. Las sábanas blancas, puras y frías como la nieve, en las que me envolvía para resguardarme de las duras noches de diciembre. Esa sensación. Sentir como, poco a poco, encontraba el cobijo enredada entre mantas, colchas y mi propia respiración, que me aislaba del silbido de las aguas que corrían por los canales de la Venecia del Norte, mi adorada Ámsterdam. Y era en ese preciso instante, cuando gozaba de uno de los mayores placeres que me brinda la vida: sacar una sola pierna por fuera del edredón. Una punzada gélida atraviesa tu piel, un respiro en los poros, un sentimiento de libertad. Freedom (en inglés suena francamente mejor).

Tras esta profunda introducción rememorando mi pasado año en Amsterdam, me dispongo a hablar de un dilema que me lleva rondando en la cabeza varios días, acerca de mi blog. Después de haber releído más o menos quinientas treinta y tres veces cada post que he escrito, he llegado a una conclusión: ya que nadie me corta las alas, he de cortármelas yo misma y recuperar algo de cordura. O si no, acabaré el resto de mi vida hablando de muerte, animales, y comida, introduciendo siempre un simple y retorcido ”JAJAJA”. Así que, si alguno de mis lectores aún me tiene algo de aprecio (de momento solo me lee mi familia, así que espero que sí. Corrijo. Más les vale que sí), Paradme. Estoy a tiempo de ser salvada. Arrodillaos y cantad al unísono:


God Save The Queen

We Mean It Man
We Love Our Queen
God Saves

Después de esta pequeña pausa experimentando la sensación de venirme arriba (creo que debo dejar el Aquarius o moriré por exceso de ego), he de confesar abiertamente, que a pesar de la errónea imagen que he podido mostrar en mi breve e insulsa trayectoria como intento de escritora, tengo corazón (quenomecabeenelpecho). Sí, esta mañana me he levantado con morriña, nostálgica y con un par de lágrimas en la almohada. SOLO UN PAR. RESECAS. Vale. No eran lágrimas, eran legañas. Y es que vivir fuera de casa marca un antes y un después en tu vida. Es el momento en el que espabilas, vuelas del nido y a tu vuelta, nunca vuelves a ser el mismo. Cambia tu carácter, tu personalidad, tu aspecto, e incluso tu nombre. Cuando volé a Amsterdam mi nombre era Gimeno. Medía 1’86 y tenía los pies planos. ¡Mirad las vueltas que da la vida!

Así que allí me planté. En tierras holandesas, iniciando una nueva etapa de mi vida. Ciudad nueva. Gente nueva. Casa nueva. Nadie te conoce, nadie te juzga. Puedes ser quien tu quieras ser. Yo empecé siendo Gimeno, pasé por Maria Antonieta (me cansé pronto, con dos horas diarias de peluquería no me daba la vida), Kanye West, La Vieja del Visillo y acabé decantándome por Punky Brewster.

*Precaución: No habrá nadie que te frene. Es muy probable que se te vaya de las manos y empieces jijijaja enfundándote en atuendos inverosímiles pero puedes acabar creyéndote La sirenita nadando en el canal. Y si negáis que alguna vez os habéis disfrazado en el extranjero, mentís. Eso, o no sois de fiar.

Captura de pantalla 2015-03-09 a la(s) 15.05.15

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Obviando hirientes comentarios e insultos hacia mi propia persona dada la estupefacta vestimenta que me acompañaba por los Países Bajos, aprovecho para pedir ayuda urgente a gente cualificada en la materia: ¿CÓMO COHONE SE AHORRA? (Perdón. Lo último que desearía es tener la osadía de ser soez, de ahí que intente camuflar mi descuido con un tono desenfadado imitando el acento sureño). Pero de veras que es un tema que me atormenta día y noche. En 11 meses pude experimentar el contraste de vivir como una marajá a malvivir para sobrevivir al fin de mes.

Dada mi pésima gestión económica, del día 1 al día 5 del mes, me sentía la heredera de Carlos Slim. Taxis, copas, cenas, cafés a precio de millón en lugares extremadamente hipsters, más prendas con las que poder disfrazarme y un sinfín de estupideces innecesarias. Pero a partir del quinto día, cuarto si era más espléndida de lo normal, me encontraba en números rojos/granates/negros/tevanaembargar/ Notienesnadaqueteembarguen/Fregarásplatoselrestodetuvida/Pagaencarnes.

Pero todo sumaba, o en este caso restaba, así que hacía malabares para poder sobrevivir. Literal. Cogía un par de arándanos y en los pasos de cebra se los tiraba a la gente que venía en bici. Todos se indignaban e incluso un día un hombre malhumorado me hizo comerme el arándano del suelo. La gente de hoy en día no sabe apreciar el arte circense.

Apagaba la calefacción de casa para economizar. Amsterdam. Enero. -10 Grados. Luz, Fuego, Destrucción. Eso quería. Me colaba en el metro y robaba hogazas de pan en la Universidad siguiendo los consejos del sabio Aladín. ¿Qué me pasa con Disney? HE DICHO QUE ESTOY NOSTÁLGICA. Eeeeeeres tú, mi príncipe azul, que yoooo soñé. Ahora vuelvo. Voy a automedicarme.

Por tanto, no me podía permitir el lujo de comprarme una bici de primera mano. Las consecuencias de esto fueron catastróficas. Entablé una íntima y leal amistad con Joahn, un portugués perteneciente al mercado negro de las bicis. Ingenua de mi, confié en él y creí todas y cada una de las historias que me contaba cuando conversábamos junto a un parque cerca de casa, mientras paseábamos a su perro Jacki. Me traicionó, y un mal día descubrí que las bicis que le compraba (10 bicicletas, verídico, en 11 meses) me las robaba él mismo. Nunca lo superé. Querido Joahn, la venganza es un plato que se sirve frío. V de Vendetta (risa malévola).

Podría pasarme horas hablando de situaciones que probablemente todo aquel que haya abandonado su hogar en algún momento, haya experimentado. El hecho de no recordar la última vez que cambiaste las sábanas (repugnante, soy consciente, pero a todos nos ha pasado, además, yo no sudo. JAJAJA Odio a esa gente). Tus prioridades en cuanto a productos indispensables en tu nevera: Cerveza, pasta, cerveza, pasta rancia, cerveza, pasta mohosa, cerveza, pasta asesina. Cuando vives fuera (especialmente si estás de erasmus) tienes ”amigos” hasta en el infierno. A mi me llegó a visitar hasta el sobrino nieto de la prima tercera del cuñado de la hermana de la mejor amiga de la tía Pili, tía abuela de mi vecina. Así que procura no invitar a nadie por cordialidad (es muy típico que todo el mundo te diga que te va a visitar y tú, encantada de la vida, y sonriente a más no poder, supliques que lo hagan. RETÍRATE. Todavía estás a tiempo).

Para despedirme, adjunto foto de mis baños matinales por los canales de Amsterdam. Solo quiero recalcar el hecho de que a mi, volar del nido no me sentó del todo bien. Eso, o pille alguna enfermedad desconocida en esas aguas cristalinas.

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PD: No he podido resistirme a emplear en una ocasión mi histriónica carcajada. Poco a poco, prometo que la cordura llegará.

Besos infecciosos de amor,

Mbarbarie.

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