I love car classics

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”When you are racing… it is life. Anything before or after is just wait”. – Steve McQueen 

Totalmente de acuerdo con Steve. Me considero una conductora dentro de la media. No es que conduzca metida en unos panties. Perdón, esto de intentar hilar un lunes tras un fin de semana duro no es lo mío. Como iba diciendo, me apasiona conducir, disfruto del caótico tráfico, los atascos infernales los días de lluvia, entrar en Madrid en caravana con la operación llegada, las batallas verbales que discurren en la carretera y una larga lista de etcéteras con ruedas. ¿Transporte público? Nunca. Eso es de pobres. JAJAJA. Me encanta ir en mi coche pegada a un autobús y tirar billetes de 50 por la ventanilla mientras suelto estridentes carcajadas. Eso sí, más tarde me juego la vida recogiendo uno a uno los billetes del Monopoly que nos trajeron los Reyes.

Es aterrador pensar en la cantidad de tiempo que pasas al día metido en el coche. El desayuno, la comida, la siesta, la merienda… MAMA DÉJAME VOLVER A CASA. Te juro que es la última vez que juego a 50 sombras de grey con nuestro adorado perro Milky. La última vez porque está muerto. JAJAJA. ¿Quién quiere perrito caliente para cenaaaaar?

Pero con el paso del tiempo, se va creando un inquebrantable vínculo entre tu coche y tú. Una relación que va mucho más allá del mero hecho de que te transporte. Vivís y experimentáis momentos que solo tú y él conocéis. Mi Seat Ibiza negro. Él. su hediondo olor adherido hasta en el último poro de su carrocería. Los años duros de experiencia que lleva colgados a la espalda. El constante piloto encendido color amarillo que ignoro diariamente, y que me he acostumbrado a ver. Ya es parte de él y le quiero tal y como es. PRONTO MORIRÉ. Pero el pilotito tiene gracia.

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Existen momentos que únicamente tendrás el placer de vivir en compañía de tu coche y que no tienen precio. La primera vez que pillas infraganti a otro conductor hurgando en sus fosas nasales. Comienza con una reacción de sorpresa, la cual evoluciona rápidamente en repulsión y finaliza con una clara mirada acusadora, ojos entrecerrados ”Si si, disimula. YO TE HE VISTO. Y MI PERRO TAMBIÉN”. En realidad es un peluche. Sollozos. Echo de menos a Milky.

¿Y qué me decís de ese épico momento en el que ponen tu canción favorita en la radio?

ESO SI. QUE A NADIE SE LE OCURRA QUITARLA. ARDERÁ ROMA.

Nunca debes olvidar que tu peor enemigo en el coche, ha sido, es, y siempre será: LA RESERVA DE GASOLINA. Una tensión indescriptible te recorre el cuerpo de pies a cabeza (véase a continuación en la foto adjunta), te mantienes en un tira y afloja permanente. Apuras cada km, rezando en tu interior por no quedarte tirada en medio de la Castellana. Esto es la guerra. El más débil deberá abandonar.

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 Antes de irme, os dejo una lista de 10 objetos que, en mi opinión, son indispensables en cualquier coche:

1- Disco caribe mix 2000
Debemos estar preparados. La vida de cualquier coche consta de uno (normalmente varios) episodios de nostalgia musical en los que tu mayor ilusión y propósito en la vida es escuchar canciones de verbena de hace años, como La Bomba, Corazón Espinado o La Raja de tu Falda.

Recomendación personal: Esconder en algún rincón del coche un disco digno de tu habilidad y clase como conductor. Por si las moscas. Ayer mismo me compré un recopilatorio de temazos de los 60, I love Car Classics, idóneos para acompañarte en la carretera, con Joe Jackson, Van Morrison, David Dudley y más genios de la época. Sí, yo por aquel entonces no había sido ni concebida. Qué tiempos. Qué felicidad, flotando en la nada al ritmo de (I Can’t Get No) Satisfaction. Mbarbarie en versión fetal marcándose un solo con la guitarra.

2- Ambientador
No preguntes. Tú simplemente lleva uno. Preferiblemente evitar aquellos que se cuelgan del retrovisor. Permanentemente prohibido: guantes de boxeo, dados, o extravagancias del estilo a modo de decoración.

3- Chicles
No es necesario que compres. Siempre contarás en tu lista de amistades con algún descendiente porcino que a falta de papel, pega el chicle debajo del asiento. Si han pasado entre 3 y 4 días, conservará un poco de sabor. Si el período se excede de una semana: Lea las instrucciones de este medicamento y consulte al farmacéutico.

4- Monedillas sueltas
Imprescindible habilitar un pequeño espacio en tu coche donde guardar calderilla para lidiar con situaciones de emergencia. Aparición de los Gorrillas. Podríamos decir que se trata de una situación de nivel 3, realmente estás en apuros. Les ves acercarse poco a poco y te sientes como si estuvieras en el mismísimo Bronx y te estuvieran apuntando con una Kalashnikov: Hey motherfucker, give me that shit!. No establezcas contacto visual. Saca tu temblorosa mano por la ventanilla y dales todo lo que tengas.

5- Palo de Golf
La carretera puede pasar de ser un maravilloso e idílico lugar donde evadirte de tus preocupaciones a convertirse en la III Guerra Mundial. Consejo: NUNCA DES POR CULO A UN DESCONOCIDO.

6- Rehén en el maletero
En caso de no tener calderilla, siempre le puedes ofrecer a los Gorrillas un rehén. Es preferible secuestrar a sordomudos que no incordien.

7- Cargador para el coche
Nadie quiere sufrir en sus propias carnes la angustia, los sudores fríos y las profundas punzadas en el corazón que provocan ver el 1% de la batería de tu móvil.

8- Mechero
Todo fumador goza de ciertos momentos sagrados. Uno de ellos, es el glorioso cigarillo en el coche, al más puro estilo Danny Zuko. Además, si te ves en apuros con el rehén y sospechas que alguien te está siguiendo, no dudes. Dirígete al polígono industrial de Cobo Calleja, sin mirar atrás, rocíalo todo con gasolina y préndelo con tu mechero de coche. No dejarás ni una sola prueba. Tu arderás. En el infierno. ¡Pero jamás te detendrán!

9- Mantas de piel y anoraks
Mejor prevenir que curar. Muy recomendable para combatir al caluroso amigo que pretende acabar con el mínimo indicio de vida existente, activando el aire acondicionado a -20 grados.

10- Bolsas de plástico
Nunca falla ese compañero de viaje coqueto coqueto, que a la segunda curva está del color de la bechamel. La bolsa de plástico protegerá tu preciado coche de fluidos gastrointestinales y demás apetitosas sustancias.

*A tener en cuenta: Útil para lidiar con el pesado de turno que canta a grito pelao, sin saberse la letra, y que todavía no ha querido asimilar que carece de dotes musicales. Ponerle la bolsa en la cabeza. Nota mental: si se trata de un viaje de duración mayor a cuatro horas, bañar la bolsa previamente en cloroformo.

Acelerados y revolucionados besos,

Mbarbarie 

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