21 Días fuera de casa

Hoy hace ya 13 días que partí de mi delicioso hogar, y sí, estoy disfrutando, maravillada por la cultura asiática, los paisajes exóticos y la comida refrita de la calle. Pero, francamente, QUIERO UN BUEN BOCADILLO DE CHORIZO DE PAMPLONA.

No hay nada más certero que irse fuera de casa para aprender a valorar lo bueno. Abandonar el nido. Mimetizarse con el nuevo plumaje. Las gárgaras necesarias para afinar el cántico del alba. El aleteo constante. Comer lombrices. No. No lo hagáis. Ayer lo hice y me están haciendo un lavado gastrointestinal. En el fondo están de rechupete. ¡No conquistas nada, con una ensalada!

Sobre todo, si decides que la mejor manera de emprender un viaje es como una auténtica hippie y te plantas en algún país exótico en la otra punta del globo terrestre, con una mochila en la que metes: cuatro bragas, un desodorante de bola (que acabas compartiendo con varias personas del viaje, ya sea por higiene o por hambre) y un saco sábana (muy útil para dormir calentito en lugares insólitos, evitar enfermedades contagiosas, criar larvas, o como arma para asfixiar a las masas de chinos que incordian).

Gracias a mi última tesis acerca del tema, he descubierto algo muy curioso a la par que inquietante. Hablo de la existencia de una Patología muy común entre esta especie. Consiste en una mutación transgénica que pasa, del look mochilero hipster, al más puro estilo perroflaútico/Pablo iglesias (coleta baja, espalda encorvada, llegas a dejarte incluso algo de bigotillo, e imprescindible una riñonera). Así que cuidadín. Ojo al manojo. (No se muy bien qué significa esto último, pero creo seriamente que deberían incluirlo en el refranero español). Adjunto foto propia y autorizo intervención.

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Pero nadie se va así, con una mochila llena de sueños, esperanzas e ilusiones, si no es para traerla de vuelta llena de regalos. Como el mismísimo Papa Noel. Así voy a volver. Gorda y con barba. JAJAJA No. De verdad. Esta es la última galleta que me como. JAJAJA eso sí que tiene gracia. “All by my self, don’t Wanna be”. Acabaré así. Y más feliz que un regaliz.

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En multitud de ocasiones subestimamos el dificultoso y arriesgado proceso de compra. Todo comienza con ese momento en el que compras un souvenir/artículo artesanal/cerdo vietnamita y sales del puesto sintiéndote el mismísimo Amancio Ortega. Mientras la brisa de la costa te revuelve el cabello, miras por encima del hombro al resto de la humanidad. Eres un gánster. Oh yeah. Cantas sin piedad I’ve got the power de snap. Siempre he sido muy de canciones. Debería haber vivido en un musical. Tu y yo vivamos el momento tu y yo sin arrepentimiento. Vale. Ya paro. Debe de ser las coordenadas en las que me hallo, que me sube la bilirrubina.

Es entonces, cuando crees que has conquistado las jodidas Américas, cuando ves que en el puesto de al lado, en el siguiente, en el siguiente, en el siguiente y HASTA EN LA MISMÍSIMA CONCHINCHINA (que por cierto, cocinan el arroz de maravilla) lo venden más barato. Es un auténtico dilema, yo no consigo pillarle el tranquillo a eso de Regatear. ¿Quién no se ha sentido Brian alguna vez?

https://m.youtube.com/watch?v=8RqDvVd0xGg

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Pero al final lo más importante no es a dónde ir, sino con quién, El Grupo. Ese grupo con el que comienzas el viaje conviviendo en paz y en armonía, pero como bien dice el dicho: la confianza da asco. Y mucho. Cada miembro se caracteriza por un roll específico.

Siempre existe un individuo que asume el liderazgo, ordenado, maniático, frío y calculador, se mancha las manos de sangre sin piedad y te machaca hasta que no te quedan energías ni ganas de vivir. Deshaceos de ese miembro lo antes posible (un empujón tonto en la colina, una zancadilla a tiempo o un par de gotas de cianuro en el café. Un par. No más. Queremos que muera, no que se desintegre).

Otro que nunca falla es aquel ser insufrible que lo único que aporta en el viaje son quejas. “Qué día tan nublado“, “qué sucia es esta ciudad“, “la comida está muy picante“. La solución es sencilla. Entrégale un revólver cargado. Si no consigues la licencia para comprar pistolas siempre puedes cambiar la salchicha de su perrito caliente por dinamita.

Esto acaba convirtiéndose en el mismísimo Gran Hermano 16.0. “Te comiste tres pringles y yo sólo dos” “ya tía, pero es que tu estás gorda, lo hice por ti” o cuando no encuentras tus cosas dentro de tu caótico desorden “quién, me ha, robado, mi mochilaaaaa”. Eso, según mi humilde opinión, supondría la expulsión directa de la casa. (SALVAR BARBARIE AL 77452)

Y El bote común. Ríete tu de Bárcenas. JAJAJA No, en serio. Nunca dejéis que un miembro del grupo tenga en su posesión los bienes comunes. EEEEERROR. Existen varias posibilidades:

A) El susodicho, elegido por votación unánime, hace que el dinero fructifique. Invierte, negocia, economiza y recoge beneficios. Acabas el viaje con más dinero del que te fuiste (Eso nunca, repito, nunca pasa).

B) La avaricia rompe el saco. Literal. “¿Dónde cojones está el dinero? Yo lo había dejado en este bolsillit… (Mierda, hay un agujero en el bolso. Disimula. O huye. Huye de cuclillas y finge ser un saltamontes)”.

C ) La banca sufre un trastorno de personalidad. Sus principios se ven trastocados y establece las prioridades del grupo. Mueres de inanición y deshidratación, no hay dinero para eso. ¿Chupitos? Barra libre. Moraleja: la banca quiere acabar con tu vida cuanto antes y largarse con tu dinero a las Bahamas. Si puedes, también trata de deshacerte de él.

Por último, y no por eso menos importante, es crucial el momento de llegada al destino en cuestión. Será en estas circunstancias donde probarás tu nivel de sensatez, de calle, y tus aptitudes cinéfilas. Debes ir al centro de la ciudad, hay pocos taxis, mucha gente, poco dinero. Se acerca un buen hombre, te propone compartir taxi para economizar, todo con una gran sonrisa, buen aspecto y la línea de la vida de la palma de su mano es larga y zigzaguea. NOOOOOO. VENGANZA. HUYE. Sigue los consejos del sabio de Liam Neeson, quédate con la mayoría de detalles posibles y grítalos mientras escapas haciendo la croqueta. ¡Peluquín! ¡Gafas de sol! ¡Bastón! ¡Acompañado de un labrador! Y jamás mires atrás.

Pero a pesar de MAMA todos los inconvenientes, en el VEN fondo estoy disfrutando A como nunca de esta BUSCARME experiencia. YA.

(Mama, sí me estas leyendo, he escrito un mensaje en código que ni los más expertos criptografos podrán descifrar).

Con cariño y empalago,

Mbarbarie

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Un comentario

  1. Marta · febrero 3, 2015

    Cada vez te superas máss!!!!

    Balan !😚

    Le gusta a 1 persona

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